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El camionero que desafió a La Moneda

Irrumpió en medio del movimiento de los camioneros que amenazó con paralizar al país. Con ello, dividió en dos bandos la confederación de transportistas y se transformó en el díscolo de esas jornadas, pero obligó finalmente al gobierno a ceder en las negociaciones. José Egido -un empresario de centroderecha de la V Región, que tiene 12 camiones y una historia familiar ligada a este mundo- ganó así poder. Hoy busca nada menos que destronar a quien dirige el gremio.

Por  Paula Comandari y Claudia Farfán
Foto  Maglio Pérez
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Dice que participó de las movilizaciones del 72, cuando apenas tenía 13 años. Entonces se sumó a las filas del emblemático dirigente gremial chileno León Vilarín, con quien recorrió el país para sumar adherentes al histórico paro de camioneros que fue clave en la caída del gobierno de Salvador Allende.

Exactamente 36 años después, José Egido (49) vuelve a la carga. Ahora no como testigo, sino que como el líder díscolo de la última huelga gremial, ocurrida la semana pasada, que amenazó con paralizar el país y prendió luces de alerta en La Moneda. Porque pese a que las negociaciones con el gobierno las llevó el presidente de la Confederación de Dueños de Camiones, Juan Araya, fue finalmente Egido quien apareció en escena no sólo para desconocer las decisiones de la cabeza gremial -quien había aceptado una rebaja del 40% al impuesto al diésel ofrecida por La Moneda, cifra que a Egido le parecía insuficiente-, sino que también para desafiar al equipo de la presidenta Bachelet. Una actitud que mantiene hasta hoy. "El gobierno tiene tantos compromisos incumplidos, que en una de ésas nosotros podemos desconocer el acuerdo firmado", señala.

Su rostro se hizo visible cuando anunció que el paro no se deponía a las 48 horas de iniciado -como se había anunciado- y, más tarde, cuando se transformó en el "hombre duro" de las negociaciones que el ministro de Transportes, René Cortázar, sostuvo con los máximos dirigentes del gremio para buscar una salida a la protesta nacional de camioneros que provocó desabastecimiento de bencina en diversas ciudades del país y generó pérdidas cercanas a los US$ 100 millones.

Egido, un empresario mediano de la V Región, busca hoy capitalizar el liderazgo que adquirió durante la movilización y poner en jaque al dirigente socialista que preside la Confederación. "Juan Araya negoció a escondidas del gremio. Durante el conflicto traté de comunicarme con él, hablé con la secretaria y no me atendió porque dijo que estaba ocupado. No puede ser que decisiones tan gravitantes se hayan tomado entre cuatro paredes", dispara José Egido, mientras silencia las numerosas llamadas y correos electrónicos que recibe en su BlackBerry.

Esta semana estuvo en Santiago para coordinar la estrategia que seguirá la disidencia en los próximos días. En esta arremetida lo acompaña otro histórico dirigente del transporte, que combatió duramente al gobierno de Allende: Mauricio Cordaro, para muchos el "asesor en las sombras" del dirigente porteño. De hecho, ambos convocaron a los díscolos a una reunión privada este sábado 14, con un solo objetivo: remover de la presidencia a Juan Araya y modificar el actual directorio. "El tema es que Araya renuncie; si no, la idea es hacerlo renunciar", dice Fernando Binder, uno de los 11 directores de la Confederación y aliado de Egido en su actual cruzada. 

El imperio "Egido"

Sobre un camión y con un vehemente discurso, José Egido irrumpió con fuerza la semana pasada. El martes 3 de junio logró que 800 camioneros paralizaran el trabajo en el puerto de Valparaíso y tres días después los convenció de deponer la movilización. Aunque el dirigente no firmó el acuerdo final entre el gremio y el gobierno -él insistía en que la rebaja al impuesto al diésel debía ser del 100%-, les dejó en claro a los camioneros que el 80% de rebaja alcanzado era un avance importante. Mal que mal, le habían doblado la mano a La Moneda al lograr duplicar la cifra inicial de 40% que el gobierno había ofrecido. Así, Egido dejaba claro sus altas cuotas de poder dentro del gremio, al cual está vinculado activamente hace ya 16 años, cuando por primera vez fue electo dirigente nacional de la Confederación. 

La confianza de la que goza se debe en buena parte a que proviene de una familia ligada a la actividad gremial de los camioneros. Su abuelo, José Egido, de origen español, pasó de ser empleado de ferretería a empresario del transporte en los años 20, cuando fundó La Catalana. Según recuerda hoy su nieto, ésta llegó a ser "una importante firma de camiones en los años 40". Los fuertes vínculos con su abuelo -un hombre relevante en el mundo sindical- lo llevaron a ligarse muy temprano con los movimientos de protesta en la calle.

Tras finalizar sus estudios de Diseño Gráfico en la Universidad de Valparaíso, Egido se involucró en el negocio familiar, que en su mejor momento llegó a tener una flota de 20 camiones. A los 23 años, su padre le vendió el primer vehículo de carga, el cual fue la base de su "actual imperio", bautizado como Egido Transporgrúas.

Pese a que la crisis del 82 le golpeó duro, Egido hoy es considerado un empresario próspero en el negocio: maneja una flota personal de 12 camiones y es uno de los seis propietarios de la compañía Transforlog, la cual cuenta con dos vehículos de carga y "una valiosa grúa portacontenedores", dice Mauricio Cordaro, quien además de brazo derecho es uno de sus socios.
Si bien Egido reconoce que nunca ha manejado un camión, uno de sus interlocutores más cercanos en el mundo político, Baldo Prokurica, afirma que "no es un camionero de oficina, sino que un dirigente gremial, decidido, realista y muy regionalista a la hora de tomar decisiones".

Desde Lavín a RN

No es coincidencia que Prokurica hable con propiedad de José Egido. Este dirigente gremial ha estado siempre ligado a la centroderecha. "Los camioneros nos identificamos con ese sector. En la última elección presidencial voté por Joaquín Lavín. La verdad es que 'nunca le achunto'", dice con humor el líder de la disidencia.

En su trayectoria gremial ha ido estrechando sus relaciones con la Alianza. Mientras fue vicepresidente de la Confederación se reunió en varias oportunidades con el ex alcalde de Santiago, con quien tenía línea directa para tratar temas relevantes del gremio. A Sebastián Piñera también lo conoce personalmente. "Durante su campaña presidencial, nos invitó a una ronda de reuniones, porque el entonces candidato quería un acercamiento con los gremios más importantes del país. Pero la relación no es particularmente cercana", dice Mauricio Cordaro.

Tanto afianzó Egido los lazos con este sector político, que el ex vicepresidente de la Cámara Alta, Mario Ríos, solía prestarle "su oficina en el Senado, la cual se transformó en nuestro centro de operaciones", agrega Cordaro. No fue un gesto menor para ellos: eso les permitió abordar directamente a los parlamentarios y secretarios de Estado en el Congreso. "Antes de este paro, ningún ministro recibía a los camioneros y siempre eran asistidos por la ayudante de la ayudante de la subsecretaria", cuenta Baldo Prokurica.

Mientras Egido instaba la semana pasada a las bases a continuar con la movilización y con ello, de paso, rompía de golpe el acuerdo inicial de Araya con el ministro de Hacienda, el propio senador RN Sergio Romero lo llamó para recordarle que podía contar con él. "A José Egido lo conozco hace 25 años. Tenemos una relación bastante fluida y frente a cualquier problema específico siempre estamos en línea", dice el parlamentario de la V Cordillera.

La batalla que se viene

Cuando José Egido se retiró del Ministerio de Transportes, a eso de las 2.15 de la mañana del viernes 6, sin firmar el acuerdo, Juan Araya lo llamó insistentemente para que volviera. No logró convencerlo. "Él se resistió, quería retomar las conversaciones al día siguiente, pero eso hubiera sido un pésimo gesto porque estaba la escoba en el país", dice Araya. Esa fue la última vez que ambos conversaron. 

Egido es un hombre duro y confrontacional. En plena movilización, no dudó en levantar un movimiento para "descabezar" a la Confederación. Pero muchos se negaron. "Yo fui uno de los opositores a esta estrategia. Tuve una conversación franca con él y le dije que no iba a aceptar que se tomaran el poder arbitrariamente", recuerda Juan Carlos Aguirre, presidente de la Asociación de Dueños de Camiones de la IV Región. 

El líder de la disidencia cedió temporalmente. Pero no se ha rendido. Pretende concretar esta iniciativa en la Asamblea Consultiva Nacional del próximo 26 de junio, pues será ahí donde todos los dirigentes se volverán a ver las caras y evaluarán la gestión de cada uno de los protagonistas de la última movilización. "Puede llegar el minuto en que nuevamente haya un quiebre real en la Confederación. Eso se va a medir de acuerdo a la gente que asista a la próxima asamblea", explica Egido.

Será ése, entonces, el campo de batalla donde los dos bandos medirán definitivamente sus respectivas fuerzas.